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Entrevista: “Falta voluntad política y recursos para poner en práctica las leyes contra la violencia de género”

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Filomena Peláez Solís es abogada, presidenta de la Subcomisión de Violencia sobre la Mujer del Consejo General de la Abogacía y decana del Colegio de Badajoz. Estuvo en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Santa Cruz de la Sierra del 24 al 27 de octubre, como ponente del curso “Violencia de género y violencia doméstica”, al que asistieron participantes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. Además, el día 26 fue parte de un conversatorio  abierto, celebrado en el mismo lugar, titulado “Diálogos en la Casa de España: Violencia de género y tutela procesal”.

Peláez (1960) se licenció en la Facultad de Derecho de la Universidad de Extremadura. Aunque al principio de su carrera atendió todo tipo de casos, se fue especializando en asuntos de familia y fue atendiendo a víctimas de violencia de género. Hace  cinco años fue elegida de entre cinco candidatos (todos, salvo ella, hombres) para ser la representante máxima del Colegio de Abogados de Badajo, organismo al que pertenecen 1.100 juristas.

Pregunta: Primero, hablemos de los conceptos: ¿Qué es violencia doméstica?

Respuesta: En España diferenciamos violencia doméstica de violencia de género, y sólo tiene una ley especial la violencia de género: es aquella que se produce cuando el marido o exmarido, o pareja o expareja, agrede a la que ha sido su esposa, novia o pareja de hecho, con independencia de que hayan estado conviviendo o no (en un noviazgo también existe violencia de género). Para ello tiene que ser el hombre el sujeto activo y la mujer, el pasivo. Tiene que haber una relación sentimental entre ellos, presente o pretérita. Si se trata de una relación esporádica, o meramente sexual, no se establece como violencia de género sino como lesión entre extraños, un delito de lesiones si se trata de una agresión. Este tipo de violencia una protección especial: una ley emblemática que fue adoptada por el consenso de todas las fuerzas políticas y es la Ley 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Es muy novedosa: establece el concepto de violencia de género.

La ley dice: “No es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”, especifica la exposición de motivos de la norma. Su artículo primero especifica: “La presente ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

 

P: ¿Y qué se considera violencia doméstica?

R: Es la que se produce entre familiares que conviven e n el hogar: cuando hay una agresión física o psíquica, por ejemplo, entre un hermano y una hermana, o entre la madre y el hijo, o entre el padre y la hija. Sujetos activos y pasivos pueden ser tanto hombres como mujeres. Si la mujer agrede al hombre es violencia doméstica; si es al revés, es violencia de género. La diferencia está en que el castigo que se impone al agresor en (caso de) violencia de género es superior.

P: ¿Hay diferencias entre feminicidio y femicidio?

R: En unos países de Latinoamérica se le llama feminicidio y, en otros, femicidio, pero es exactamente lo mismo. Y en España, esa figura no existe. Para nosotros, el asesinato de mujeres es u homicidio o un asesinato, no tiene la consideración de tipo específico por ser mujer;  para eso tenemos la Ley de Violencia de Género. Sin embargo, hay leyes latinoamericanas que tienen un concepto más amplio de violencia contra la mujer que engloba también abusos sexuales de extraños; en otras, es solamente violencia intrafamiliar.

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Filomena Peláez, en el centro, durante la entrega de diplomas a las personas asistentes al curso de Santa Cruz.

P: ¿Qué país o países de la región tienen una legislación sobresaliente en cuanto a la protección de las víctimas de violencia?

R: Muchas veces en el papel se observa que son similares no a la nuestra, sino entre ellos. El objeto de la ley puede ser el mismo, las medidas de protección o de aseguramiento, también. Pero luego, cuando hablas con ellos [los participantes del curso], te dicen la realidad: que lamentablemente, como nos pasa en España en muchas cosas, esto está en el papel pero no en la vida real. Los países que son más avanzados, tradicionalmente, son Argentina, Uruguay y Chile (en este equipo no hay nadie de Chile). Los demás están semejantes: el texto de la ley Boliviana es increíble. En Guatemala pasa exactamente igual. Allí estuvimos en el edificio de los juzgados de feminicidios y era un bloque impresionante donde en todas las salas sólo se veían agresiones a mujeres. Era [durante] un curso que dirigía yo también. Muchas veces hay que palpar las cosas.

P: ¿Cómo fue ese cara a cara con la realidad frente a lo escrito en la norma?

R: Impresionante, porque ves las carencias de medios. Pero me llamó la atención que había un apartado de guardería para que, mientras la mujer denunciaba, los niños estuvieran allí atendidos. Eso denota que las muertes de mujeres en ese país deben ser tremendas, porque para que hagan un edificio sólo para eso…  Luego faltaba mucho: cuando lo tienes en el papel, vale, ya has avanzado con la voluntad política, pero no sólo para que quede, sino para que se pueda poner en práctica. Y la práctica es algo para lo que faltan muchos recursos.

P: ¿Sólo faltan recursos o…?

R: Por lo que pudimos intuir y por lo que hemos podido ver a lo largo del curso, efectivamente falta voluntad política y recursos económicos y humanos. Eso es un mal endémico que tenemos en todos los países, en España. Tiene que ir unida la voluntad política con los recursos. Todo no puede ser con voluntad, ni todo puede ser si hay dinero y no hay concienciación y sensibilización: no sirve de nada porque no lo va a poner en práctica nadie.

P: Tanto tú como los demás compañeros juristas que han llegado de España como ponentes, ¿os  lleváis buenas prácticas aprendidas de los participantes?

R: Nos llamó la atención lo que contó la compañera de México: cuando pulsaban el botón del pánico, si no contestaba la víctima [el aparato] transmite el sonido ambiente para saber qué está ocurriendo y para que la Policía sepa por qué no responde: si es porque no quiere, porque no puede o porque está siendo agredida. Y, también, la buena voluntad de los profesionales que aquí han estado. Nos explicaban muchos jueces, defensores públicos y fiscales cómo trabajan: algunos, con escasos medios y mucha voluntad y muchas horas. Sobre todo, la implicación de la gente. Han venido interesados. Por eso yo quiero sacar unas conclusiones y tener un mapa, una fotografía de cómo está regulada en casa país la violencia, para ver qué engloba y que no nos perdamos. Eso quiero hacer para los siguientes cursos. Si no se trabaja en conjunto no se va a avanzar.

P: ¿Hay diferencias a la hora de llamar a los diferentes cargos judiciales?

R: Ya me ha pasado las veces anteriores: cuando tú vas hablando con uno y con otro, o cuando salen cuestiones y se debaten, luego se queda todo un poco en el aire, no se concreta. Cuando yo estoy hablando del juez de instrucción: en Uruguay, por ejemplo, es el juez de garantía. Entonces, no saben traducir eso. Mi intención es, para el próximo curso, establecer un mapa previo haciendo un paralelismo par que cuando yo esté hablando de mi juez de instrucción, ellos estén traduciendo a su vez lo que están escuchando y lo puedan acomodar a la realidad de sus sistemas judiciales, y será más fácil para todos. [Así el curso] va a ser mucho más aprovechable porque, si no, es al final cuando la gente se va enterando más o menos de quién es quién en cada país, y perdemos mucha información, tanto ellos como nosotros. Tú le estás escuchando con todo el interés del mundo pero lo ves como una figura ajena y luego te das cuenta: ‘¡Ah, pero si esos son magistrados de la audiencia!’. De lo que aquí se aprende, lo que se ha consolidado en otros países o lo que tenemos nosotros en España, luego en el trabajo diario sí que se pueden hacer algunas cosas: la gente cambia el mundo porque cambian de uno a uno. Los intercambios de consejos, contactos, favorecen siempre a las víctimas.

La violencia contra las mujeres sigue siendo muy grave. Peláez, que insiste en que tenemos mucho que hacer para acabar con ella, afirma que nuestras predecesoras ya nos allanaron el camino y que lo tenemos más fácil que antes. Falta romper con el bucle de la violencia.

Cada vez constato más que ellos, los hombres maltratadores, provienen de hogares con padres maltratadores y, mujeres que han sido víctimas, lamentablemente buscan el perfil de hombre, de pareja, de compañero, que han maltratadores como lo fue su padre con su madre. Se van retroalimentando; el niño va a crecer y reproducir lo que ha visto en su casa.

P: ¿Cómo se rompe esta espiral de violencia?

R: Con educación en igualdad.