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La invisibilidad y la doble discriminación hacia las mujeres afectan al pueblo afroboliviano

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El director del Centro de Formación de la Cooperación Española en Santa Cruz, José Lorenzo García-Baltasar, y Mateo Baeza, del área de gestión de conocimiento de la institución, presentaron el documento sobre las líneas estratégicas de actuación del Programa de Cooperación con Afrodescendientes de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en Latinoamérica, el 18 de octubre. Para dar a conocer esta información, desde el Centro de Formación se invitó a representantes al presidente del Concejo Nacional Afroboliviano a nivel departamental, Óscar Pinedo; la técnico del Instituto de Lengua y Cultura (ILC) afroboliviana, Bianka Vargas; y Adriana Peralta, de la Asociación Nacional de Mujeres Afrodescendientes.

En el documento se señala la invisibilidad y falta de reconocimiento de identidad como dos de las dificultades que tienen las personas afrodescendientes en América Latina, población estimada en 200 millones. Pinedo expresó que, a pesar de que los afrobolivianos están reconocidos como una de las 36 naciones que existen dentro de Bolivia, falta visibilización. “Figuramos entre las 36 etnias de la Constitución Política del Estado, pero el detalle es que parece que estemos de forma y no en el fondo”. Se fundamenta en situaciones como las que él mismo ha vivido alguna vez, la última recientemente: “Hace unos días la Policía me detuvo y, aunque presenté mi carnet, me querían arrestar”. La intervención del Defensor del Pueblo de Santa Cruz impidió la detención, aseguró. A Vargas le pasó algo similar: a pesar de que enseñó su carnet a los uniformados que se lo solicitaron, le pidieron que entonara el himno nacional para comprobar que es ciudadana boliviana.

Óscar Pinedo entregó al director del Centro de Formación un libro sobre la historia de la población afroboliviana.

Óscar Pinedo entregó al director del Centro de Formación un libro sobre la historia de la población afroboliviana.

En Bolivia hay 23.300 afrodescendientes, según el Censo de Población y Vivienda 2012, realizado por el Instituto Nacional de Estadística. De ellas, alrededor de 8.000 viven en el departamento de Santa Cruz, aunque su región original son Los Yungas, en La Paz. Pinedo salió de allí para vivir en la capital cruceña con su madre, cuando era niño. Desde CONAFRO se pretende conseguir la designación de la región de los Yungas como territorio afroboliviano. Según el documento sobre el Programa de Cooperación, “las comunidades afrodescendientes encuentran muchos dificultades para el reconocimiento y legalización de sus tierras”. El Instituto Nacional de Reserva Agraria comenzó a realizar las tareas pertinentes para reconocer el derecho a la tierra a habitantes de comunidades afro de los Yungas.

La saya: expresión y herramienta de reconocimiento

La música ha sido y es el bastión de resistencia del pueblo afroboliviano y una forma de autovisibilizarse, hasta el punto que durante el proceso de redacción de la Constitución Política del Estado (ratificada en referéndum en 2009), este baile fue su vehículo para llegar hasta quienes tenían que redactar los artículos de la nueva carta magna, en la ciudad de Sucre. “Usábamos los tambores para entrar a las casas en las que había reuniones”, contó Peralta. “Todo Sucre nos daba paso”. Entraban y tocaban un rato. “Pensaban que los negritos sólo somos para bailar y tocar saya”, explicó. Luego de tocar algunas canciones, dejaban los instrumentos y se repartían por los cuartos. Así se visibilizaron y consiguieron que los incluyeran, según Peralta.

Al final de la presentación, las bailarinas invitaron al público a moverse al ritmo de la saya.

Al final de la presentación, las bailarinas invitaron al público a moverse al ritmo de la saya.

La saya se originó como una forma expresión de los esclavos africanos en las haciendas de Los Yungas, y de comunicación entre quienes estaban separados gracias a los tambores, sorteando así la opresión de los hacendados. “A pesar de la represión tenían fuerzas para expresarse a través de la música”, comentó Vargas. Sin embargo, apuntó, hasta hace unos años “muchos afrobolivianos tenían vergüenza de bailar saya”. Incluso, apareció un baile interpretado por personas blancas con la piel pintada de negro que ridiculizaba la saya, llamado tundiqui, que luego fue prohibido. Sin embargo, la saya ha ido recuperándose y es una de las expresiones folklóricas más conocidas de Bolivia. “Las mujeres han sido el principal bastión en esta lucha de reconocimiento”, afirmó Vargas. Y son ellas las más discriminación sufren entre la población afro. “En el caso de las mujeres afrodescendientes las situaciones de discriminación y exclusión se refuerzan por su doble condición de mujer perteneciente a un grupo étnico en situación de marginalidad”, recoge el documento del Programa de Cooperación. Peralta señaló esta realidad durante la presentación: “Como mujeres somos más maltratadas que cualquier mujer”. Además de culminar el acto con una muestra de su danza por excelencia, las personas afrodescendietnes manifestaron algunas de sus necesidades: tener una sede para reunirse, lograr financiamiento para hacer talleres e investigar la historia del pueblo afroboliviano, que se atiendan sus necesidades sanitarias (son propensos a los paros cardíacos y la hepatitis, según Pinedo), y que haya por lo menos una asignatura sobre afrodescendientes en la currícula educativa. “Para que nuestros hijos sepan que hay negros en la historia de Bolivia”, apuntó Peralta.